lunes, 1 de marzo de 2010

Ritual del lazo para dejar de sufrir por ese amor


Esta ceremonia era practicada durante la Edad Media por los campesinos europeos. El enamorado era, para los medievales, un ser al que le habían robado el corazón, como si el enamorado fuera una víctima o un cordero robado. Por lo tanto, para dejar de sufrir había que recuperar el cordero y traerlo nuevamente al rebaño.
El ritual es una representación simbólica de este rescate.
Necesitarás:
1) Una piedra blanca del tamaño de un puño.
2) Un cordel o cinta de algodón.
3) Un rectángulo de madera de roble.
4) Un trozo de carbón.
5) Una vela blanca.

PASOS DEL RITUAL
· Coloca el rectángulo de madera sobre la mesa y dibuja con el cartón una línea que lo divida en dos partes iguales.
· Toma la piedra blanca y colócala en la mitad derecha del rectángulo de madera.
· Ata la piedra con el cordel, que deberá ser lo suficientemente largo como para que puedas tomar un extremo con la mano y arrastrar la piedra
· Toma el extremo del cordel con la mano izquierda y pronuncia la siguiente oración: Vuelve amor a mi vida y quédate para siempre, ahora que aprendí de mis errores y te daré mil veces más de lo que nunca te di
· A continuación tira firmemente del cordel para llevar la piedra hacia el lado izquierdo del rectángulo.
· Suelta el cordel, toma la vela blanca y enciéndela. Con la llama de la vela enciende el cordel y deja que se queme completamente.
· Una vez que el cordel se haya quemado, apaga la vela y pronuncia la siguiente oración: Sin cordel, amor mío, ya nadie podrá tomarte para llevarte a otro sitio. Eres nuevamente mío y sólo a mí me perteneces. Estás otra vez en casa, adorado amor, otra vez en casa. Estás otra vez en tu lugar, al que perteneces, a mi lado. Estás otra vez en el lado izquierdo de mi cuerpo.
Por este acto simbólico te habrás convertido nuevamente en el dueño del corazón que te robaron.
Por lo tanto, agradece con la siguiente oración el beneficio recibido:
Gracias Señor por haberme devuelto a mi amor. Nuevamente está en el centro de mi pecho. Otra vez soy dueño de mi corazón, se acabaron los padecimientos. Hoy pondré la cabeza en la almohada y me dormiré sin derramar una lágrima.
A continuación entierra la piedra y la vela. El corazón robado te habrá sido devuelto y dejarás de padecer por amor.

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